"He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra." Lucas 1:38 (RV1909)

María, la madre de Jesús, es una de las mujeres más conocidas de la historia. Su nombre aparece en iglesias, canciones, pinturas y oraciones en todo el mundo. Pero cuando abres la Biblia, el retrato que encuentras es sorprendentemente sencillo: una joven común de un pueblo pequeño que escuchó una promesa imposible y respondió con fe.

Los Evangelios no lo cuentan todo sobre ella. Cuentan lo esencial. María aparece en el anuncio del ángel, en el nacimiento de Jesús, en su infancia, en su primer milagro, al pie de la cruz y, por último, orando con la iglesia después de la resurrección. En cada una de esas escenas hay una lección de fe, de humildad y de confianza en Dios.

En esta guía vas a ver quién fue María, qué pasó en la anunciación, qué significa su "sí", qué dice el cántico de María, cómo fue su vida al lado de Jesús, por qué estuvo al pie de la cruz y qué enseña su historia hoy.

¿Quién fue María? La respuesta corta

María fue una joven judía de Nazaret, en Galilea, escogida por Dios para ser la madre de Jesús. Estaba comprometida en matrimonio con José, un descendiente del rey David, cuando el ángel Gabriel le anunció que concebiría por el poder del Espíritu Santo. Ella creyó, dio a luz a Jesús en Belén, acompañó su ministerio, estuvo al pie de la cruz y perseveró en oración con los discípulos después de la resurrección.

En la Biblia hay varias mujeres llamadas María. Esta no debe confundirse con María Magdalena, la primera testigo de la resurrección, ni con María de Betania, hermana de Marta y de Lázaro. Cuando los Evangelios hablan de "la madre de Jesús", se refieren a María de Nazaret, la protagonista de este artículo.

Una joven de Nazaret

Lucas presenta a María con pocas palabras. El ángel Gabriel fue enviado a Nazaret, "A una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David: y el nombre de la virgen era María" (Lucas 1:27). Nazaret era una aldea sin importancia, que el Antiguo Testamento nunca menciona. Dios escogió a una muchacha de un lugar que nadie notaba.

María estaba "desposada", es decir, comprometida en matrimonio. En la costumbre judía, ese compromiso era tan serio como el matrimonio, pero la pareja todavía no vivía junta. Por eso Mateo dice que, "antes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo" (Mateo 1:18). La Biblia no dice su edad. Por las costumbres de la época, muchos estudiosos suponen que era muy joven, pero el texto no lo informa.

Tampoco sabemos mucho de su familia. Lucas cuenta que Elisabet, la madre de Juan el Bautista, era su parienta (Lucas 1:36). Fuera de eso, la Escritura no se ocupa del origen de María. El foco está en lo que Dios hizo por medio de ella.

La anunciación: la visita del ángel Gabriel

La escena que la tradición llama "anunciación" comienza con un saludo inesperado: "¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres" (Lucas 1:28). María no se sintió importante. Ella "se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutación fuese ésta" (Lucas 1:29).

El ángel la tranquilizó: "María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios" (Lucas 1:30). Y entonces llegó la noticia: "Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS" (Lucas 1:31). Ese niño "será grande, y será llamado Hijo del Altísimo" y recibiría "el trono de David su padre" (Lucas 1:32).

La pregunta de María fue sincera: "¿Cómo será esto? porque no conozco varón" (Lucas 1:34). Ella no dudaba de Dios. Quería entender cómo sucedería. La respuesta señaló al Espíritu: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te hará sombra" (Lucas 1:35).

Como señal, el ángel le contó que Elisabet, ya anciana y considerada estéril, estaba embarazada de seis meses. Y terminó con una frase que atraviesa toda la Biblia: "Porque ninguna cosa es imposible para Dios" (Lucas 1:37).

"He aquí la sierva del Señor"

La respuesta de María es una de las frases más hermosas de la Escritura: "He aquí la sierva del Señor; hágase a mí conforme a tu palabra" (Lucas 1:38). No pidió garantías, no negoció condiciones y no esperó a entenderlo todo. Simplemente se puso en las manos de Dios.

Ese "sí" tenía un precio. Una muchacha comprometida que aparecía embarazada corría el riesgo de quedar deshonrada ante todo el pueblo. El mismo José, "como era justo, y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente" (Mateo 1:19). Solo cambió de idea cuando un ángel le dijo en sueños: "no temas de recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es" (Mateo 1:20).

María aceptó sin saber cómo reaccionaría José, qué dirían los vecinos ni cómo terminaría todo. Eso es fe: confiar en Dios cuando la obediencia cuesta caro. Para entender mejor ese tipo de confianza, lee qué es la fe según la Biblia.

La visita a Elisabet y el cántico de María

Poco después, María "fue a la montaña con priesa" para visitar a Elisabet (Lucas 1:39). Cuando llegó, la criatura saltó en el vientre de Elisabet, y ella, llena del Espíritu Santo, exclamó: "Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre" (Lucas 1:42). Y llamó a María "la madre de mi Señor" (Lucas 1:43).

Elisabet también destacó la fe de su parienta: "bienaventurada la que creyó" (Lucas 1:45). Lo que hacía dichosa a María no era solo el privilegio de ser la madre del Mesías, sino el hecho de haber confiado en la palabra de Dios.

María respondió con un cántico de alabanza conocido como Magníficat (su primera palabra en latín): "Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador" (Lucas 1:46-47). Fíjate en que ella llama a Dios "mi Salvador". María sabía que también necesitaba la gracia de Dios.

El cántico está lleno de ecos del Antiguo Testamento, sobre todo de la oración de Ana en 1 Samuel 2. María dice que Dios "ha mirado a la bajeza de su criada; porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones" (Lucas 1:48). Y celebra la manera en que Dios actúa en la historia: "Quitó los poderosos de los tronos, y levantó a los humildes" (Lucas 1:52). Es la oración de alguien que conocía las Escrituras y las convertía en alabanza personal.

Una joven pobre de una aldea olvidada cantó que Dios derriba a los poderosos y levanta a los humildes.

Estaba hablando de Dios. Y también estaba hablando de sí misma.

El nacimiento de Jesús en Belén

Un censo romano obligó a José a ir a Belén, la ciudad de David, "Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta" (Lucas 2:5). Allí llegó la hora del parto, y la escena no tiene nada de glamorosa: "Y parió a su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón" (Lucas 2:7).

Mateo ve en este nacimiento el cumplimiento de la profecía de Isaías: "He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel" (Mateo 1:23), que quiere decir "Dios con nosotros". Pablo resume el misterio en una frase: "Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito a la ley" (Gálatas 4:4). El Hijo eterno de Dios recibió de María una verdadera naturaleza humana. Esa es la buena noticia que está en el centro de el evangelio.

Después de la visita de los pastores, Lucas registra la reacción de María: "Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndolas en su corazón" (Lucas 2:19). No lo entendía todo, pero no olvidaba nada. Guardaba y meditaba.

Una espada en el alma: los años de la infancia de Jesús

María y José eran judíos fieles y cumplieron la ley de Moisés. Cuarenta días después del nacimiento, llevaron a Jesús al templo y ofrecieron "un par de tórtolas, o dos palominos" (Lucas 2:24). Esa era la ofrenda permitida a las familias que no podían comprar un cordero. La madre del Mesías era pobre.

En el templo, el anciano Simeón bendijo a la familia e hizo una profecía dirigida a María: "una espada traspasará tu alma de ti misma" (Lucas 2:35). Ser la madre de Jesús no le traería solo alegría. También le traería un dolor profundo.

El dolor empezó pronto. Herodes quiso matar al niño, y un ángel avisó a José: "Levántate, y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto" (Mateo 2:13). La familia vivió como refugiada hasta la muerte del rey y después volvió a Nazaret.

Cuando Jesús tenía doce años, la familia fue a Jerusalén para la Pascua y, al volver, se dio cuenta de que el niño no estaba con ellos. Después de tres días de búsqueda, lo encontraron en el templo. María habló como cualquier madre angustiada: "Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor" (Lucas 2:48). Jesús respondió: "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?" (Lucas 2:49). Ellos no entendieron, pero, otra vez, "su madre guardaba todas estas cosas en su corazón" (Lucas 2:51).

María durante el ministerio de Jesús

La primera aparición de María en la vida adulta de Jesús es en una boda en Caná. Se acabó el vino, y ella fue a su hijo: "Vino no tienen" (Juan 2:3). Jesús respondió: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora" (Juan 2:4). Llamar "mujer" a su madre era una forma respetuosa de trato en aquella cultura, pero la frase muestra que la hora de Jesús la definiría el Padre.

María no insistió ni discutió. Se volvió hacia los que servían y les dijo: "Haced todo lo que os dijere" (Juan 2:5). Son sus últimas palabras registradas en la Biblia, y son un excelente consejo para cualquier persona. El agua se convirtió en vino, y "Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea" (Juan 2:11).

Los Evangelios también muestran que la familia de Jesús no siempre entendió su ministerio. En cierto momento, sus parientes llegaron a decir: "Está fuera de sí" (Marcos 3:21). Cuando su madre y sus hermanos fueron a buscarlo, Jesús miró a los que lo escuchaban y dijo: "cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre" (Marcos 3:35).

En otra ocasión, una mujer gritó entre la multitud: "Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste" (Lucas 11:27). Jesús respondió: "Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan" (Lucas 11:28). Eso no disminuye a María. Al contrario: ella fue exactamente eso, alguien que oyó la palabra de Dios y la guardó. Lo que la hizo bienaventurada fue la fe, y ese camino está abierto para todos.

Al pie de la cruz

La espada anunciada por Simeón llegó en el Calvario. Cuando casi todos los discípulos habían huido, María estaba allí: "estaban junto a la cruz de Jesús su madre" (Juan 19:25). No se registra ninguna palabra suya en esa hora. Simplemente se quedó.

Desde la cruz, en medio de la agonía, Jesús cuidó de ella. Al ver allí al discípulo amado, dijo: "Mujer, he ahí tu hijo" (Juan 19:26). Y al discípulo: "He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo" (Juan 19:27). Conoce la historia de ese discípulo en quién fue Juan, el apóstol.

María vio morir como un criminal al hijo que había llevado en brazos. Esa muerte no fue un accidente: fue el amor de Dios entregándose por nosotros. Lee más en por qué Dios me ama.

Con la iglesia en oración

La última vez que María aparece en la Biblia es justo después de la ascensión de Jesús. Los discípulos volvieron a Jerusalén y se reunieron en un aposento alto: "Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos" (Hechos 1:14).

Es una escena impactante. Los hermanos de Jesús, que antes no creían en Él (Juan 7:5), ahora estaban allí. Y María, que lo había visto todo desde el principio, estaba en medio de la iglesia naciente, orando como una discípula más, a la espera del Espíritu Santo prometido.

Después de eso, la Biblia no vuelve a hablar de ella. No hay registro bíblico de cómo ni cuándo murió María. Las tradiciones sobre el final de su vida, como la que la relaciona con Éfeso, donde habría vivido Juan, o la que la sitúa en Jerusalén, surgieron siglos después y no están en las Escrituras.

Cómo ven los cristianos a María

María dijo que "todas las generaciones" la llamarían bienaventurada (Lucas 1:48), y todas las tradiciones cristianas la honran. Pero hay diferencias importantes. La Iglesia católica enseña doctrinas como la virginidad perpetua, la Inmaculada Concepción y la Asunción, y pide la intercesión de María. La Iglesia ortodoxa tiene una devoción parecida, con algunas diferencias de doctrina. Las iglesias evangélicas honran a María como madre de Jesús y modelo de fe, pero no aceptan esas doctrinas porque no las encuentran en la Biblia, y dirigen sus oraciones solo a Dios, por medio de Cristo.

Este artículo se concentra en lo que los textos bíblicos cuentan sobre la vida de María, sin entrar en el debate entre católicos y evangélicos. Si quieres ver cómo la Biblia presenta a Dios, que es el centro de toda esta historia, lee quién es Dios según la Biblia.

María nunca pidió atención para sí misma.

Cada vez que habla en la Biblia, señala a Dios: "Engrandece mi alma al Señor" y "Haced todo lo que os dijere".

Lo que la vida de María enseña hoy

La historia de María muestra que Dios suele escoger a personas sencillas para hacer cosas grandes. Ella no tenía posición, riqueza ni fama. Tenía un corazón disponible. Y su vida deja lecciones muy prácticas.

  • Dile sí a Dios aunque no lo entiendas todo

    María no sabía cómo terminarían las cosas. Aun así respondió: "hágase a mí conforme a tu palabra". La fe no exige tener todas las respuestas.

  • Para Dios nada es imposible

    La misma promesa que el ángel le dio a María vale para las situaciones de tu vida que parecen no tener salida. Lee las promesas de Dios en la Biblia.

  • Guarda y medita lo que Dios hace

    María guardaba las cosas en su corazón. Separa tiempo para recordar lo que Dios ya hizo y para meditar en Su palabra.

  • Convierte la Escritura en oración

    El cántico de María está lleno de frases del Antiguo Testamento. Ora con las palabras de la Biblia. Mira cómo leer los Salmos.

  • Haz lo que Jesús te diga

    El consejo de María en Caná sigue vigente: "Haced todo lo que os dijere". Obedecer a Jesús es el camino de la verdadera bendición.

  • Permanece fiel en el dolor

    María se quedó al pie de la cruz y después perseveró en oración. La fe verdadera no abandona a Dios en las horas más difíciles.

Si quieres empezar el día con una palabra de Dios, pide un versículo y una oración en el generador de versículos y oraciones de la página de inicio. Y si quieres aprender a hablar con Dios como María lo hacía, lee cómo orar correctamente.

Resumen rápido

  • 👤Quién: joven judía de Nazaret, comprometida con José, de la casa de David
  • 👼Anunciación: el ángel Gabriel le anunció que sería la madre de Jesús (Lucas 1:31)
  • 🙏Respuesta: "He aquí la sierva del Señor" (Lucas 1:38)
  • 🎶Cántico: "Engrandece mi alma al Señor" (Lucas 1:46)
  • ⭐Nacimiento: dio a luz a Jesús en Belén, en un pesebre
  • ✝️Cruz: estuvo junto a la cruz y fue confiada al discípulo amado
  • ⛪Iglesia: perseveró en oración con los discípulos (Hechos 1:14)